domingo, 22 de febrero de 2009

LA SORDERA, ¿MINUSVALÍA O CULTURA?


Nos volvemos a encontrar por el camino. Supongamos que una persona sorda conoce a otra persona sorda y se enamoran. Esta pareja joven y llena de ilusiones decide tener un hijo, pero con una característica específica: que también sea sordo. Pues bien, dejemos de suponer, esta historia es real. Ellos son felices siendo sordos y quieren que su hijo también lo sea. Y a pesar de todas las contraindicaciones de los médicos y a pesar de todas las opiniones contrarias a su alrededor, siguen adelante con la decisión.

Lo que vengo a decir es que los sordos hoy en día ya han superado muchísimas barreras y ellos no se consideran en absoluto minusválidos, sino más bien diferentes a los oyentes. Según ellos, son una cultura aparte, otra forma de ser. Este fenómeno puede explicarse porque son un grupo de personas que comparten una percepción del mundo con un énfasis en el sentido visual y kinestésico desde que nacen sordos o desde que dejan de oír.

Han sido numerosos los ejemplos de personas sordas que se han superado a sí mismas. ¿Conoces los casos más sorprendentes? Pedro Ponce de León, español de la orden benedictina, que en el siglo XVI inventó el primer sistema para enseñar a los sordos: logró que aprendieran a leer, escribir y hablar, mediante la atenta observación de los movimientos de los labios; Beethoven, uno de los mejores compositores y pianistas de todos los tiempos; Marlee Batlin, actriz ganadora de un Óscar en 1986 y galardonada con varios premios; Heather Whitestone, miss América en 1994; pero sin duda, me quedo con el caso de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono en 1876 que, aunque no era sordo, ayudó a las personas sordas de una manera extraordinaria. Bell fundó una escuela para formar a profesores que daban clase a alumnos sordos en Boston. Estaba convencido de que podía educarles de manera oral, pero pronto se dio por vencido. Más tarde, trató de encontrar alguna manera de hacer el lenguaje visible y a desarrollar la amplificación e inventó un aparato capaz de dibujar las vibraciones de cada sonido diferente. Más adelante y con la ayuda de un mecánico, terminó inventando el teléfono, el cual le aportó numerosos ingresos para fundar el Volta Bureau en 1887.
Si quieres saber más sobre Alexander Graham Bell: http://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Graham_Bell

DISCRIMINACIÓN

Pero no todo lo que se oye sobre esta minusvalía es superación de obstáculos, cultura sorda o personas sordas ejemplares. También oímos hoy en día noticias reales que hacen que nos pongamos aún más, si cabe, de parte de ellos. Lo último ha sucedido en Argentina, un cura y una profesora de catequesis no han dejado que comulgase un niño por su sordera. Han querido explicarle a la madre lo inexplicable: que como no entendía bien, no estaba lo suficientemente preparado para hacer la comunión. ¿Qué valores le pueden inculcar a un niño con una minusvalía en una clase de catequesis cuando en la misma se ve una clara discriminación? ¿En qué creerá a partir de ahora este niño que sólo quería celebrar una fiesta con sus amigos?

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Cuál es tu signo personal?

Aquí estoy de nuevo con mi actualización de la semana. Mis clases prácticas y teóricas no me han dejado indiferente esta semana tampoco. Tengo que decir que cada vez estoy más interesada en el mundo de la interpretación de lenguaje de signos y puede que en un futuro me especialice en ello. Es una idea que no descarto.

¿Habéis echado ya un vistazo al alfabeto dactilológico que dejé en la anterior entrada? Este alfabeto sirve para deletrear nombres propios de personas, lugares…que no tienen signos determinados. Pues bien, cuando una persona es sorda desde muy pronto, la gente de su entorno no le llaman por su nombre completo de forma deletreada, sino que le dan un signo que le caracterice, llamado “signo personal”. Por ejemplo, para nuestra profesora es pasarse el pulgar por debajo de la barbilla de izquierda a derecha. Su explicación es sencilla: de muy pequeña se cayó y tiene una cicatriz en esa parte de la cara. Nosotros elegimos signos más sencillos: dibujar un tirabuzón en el aire representando el pelo rizado, señalando un piercing en la nariz o en la ceja…sin embargo, el mío es llevarme la mano izquierda al codo derecho porque ahí tengo una mancha de nacimiento. Todo un arte.

Ya hemos terminado el “Tema 1”, así que el primer día de clase práctica dimos un repaso general a todo lo aprendido en estas dos últimas semanas y la verdad es que hemos progresado mucho, tanto todos mis compañeros como yo. Además, a todos nos apasiona esta asignatura y es por eso por lo que llevamos una media de asimilación de los signos muy igualitaria. No nos cuesta recordar los signos en absoluto.

Por otra parte, el “Tema 2” ya nos va complicando las cosas. En este tema, aprendemos nuevos signos y los relacionamos con los ya aprendidos del primer tema. Si anteriormente dije que ya podría empezar a tener una conversación con una persona sorda, ahora puedo continuar con esa conversación pendiente, es decir, puedo ampliar la información (preguntar en el centro o en que parte de la Comunidad Valenciana estudia, qué idioma habla, dónde vive, si es oyente o sordo…) También hemos aprendido a recibir órdenes sencillas de la profesora como “ponerse de pie”, “sentarse”, “acostarse”, “abrir o cerrar la puerta o la ventana” y “encender o apagar las luces”.

Personas sordas, NO sordomudas

A continuación, desarrollaré los aspectos teóricos más importantes que he aprendido esta semana. Uno de ellos es el mito universal que existe en cuanto a las personas sordas. Y digo esto porque es un error llamarles “sordomudas”, pues no lo son. Siempre se ha creído que no hablaban porque no podían, pero dicha afirmación es falsa. No es que no hablen porque no puedan, sino porque no se oyen, es decir, los oyentes aprendemos a pronunciar fonética perfectamente porque oímos todos los sonidos desde que nacemos, pero ellos no. Sin embargo, con la ayuda de un logopeda sí pueden llegar a hablar igual que un oyente. De hecho, en mi segunda entrada comenté el problema del ordenador y cómo Inmaculada lo solucionó como cualquier otro profesor con el encargado del material. Por eso, yo misma me contradije al comentar este caso que ocurrió en clase y al poner la palabra “sordomuda” en mi primera entrada. Rectifico, nuestra profesora es sorda, no sordomuda (Fe de erratas).

Otro aspecto también importante es que este mes se celebra el Día Internacional del Implante Coclear. ¿Sabes qué es?, ¿conoces en qué consiste este implante? El implante coclear se aplica a personas con sordera profunda o total en las que no es útil el audífono convencional. Consiste en una operación que se le practica a toda aquella persona que tenga las células ciliadas de la cóclea dañadas hasta conseguir que recupere la audición si se implanta precozmente y con ayuda profesional. Dicho implante se caracteriza por un micrófono, un procesador de sonidos, un sistema de transmisión y una antena-receptor-estimulador.



Y para seguir conociendo este mundo, aquí te dejo un enlace con los diez mitos sobre la pérdida de audición que no debemos olvidar:

http://azhearing.com/espanol/mitos.htm

domingo, 8 de febrero de 2009

SEGUNDA IMPRESIÓN


El ordenador no funciona, voy a secretaría.

Esta semana hemos tenido nuestra segunda y tercera clase práctica. Sin embargo, en la entrada de esta semana no empezaré con lo que he aprendido en estas clases, sino con aquello que no se ve. Lo primero que tengo que decir es que me ha vuelto a sorprender la profesora. No sólo es capaz de darnos una clase magistral en cuanto a la enseñanza, sino en la vida real también. Digo esto porque como en la clase anterior, Inmaculada empezó haciendo lo mismo (encender el ordenador, colocar su chaqueta, ordenar sus apuntes, sonreír…), pero el ordenador no funcionaba. En estos casos, cuando algún material de la clase no funciona, el profesor que está en el aula va a secretaría, explica el problema y vuelve con la persona encargada y lo soluciona. Pero claro, hay una parte en todo este proceso que implica una conversación (explicar el problema). Pues bien, a los cinco minutos, Inmaculada volvió con el encargado y, por lo que observé, intentaba explicarse con gestos y con algunas palabras que lograba pronunciar. Le había entendido perfectamente. Todo solucionado.

Como ya he dicho al principio, nuestras clases prácticas de lenguaje de signos han continuado esta semana. Ya sabemos presentarnos, saludar, despedirnos y algunas palabras de cortesía como “por favor”, “gracias”, “de nada”, “perdón”, “bienvenido” y “encantado de conocerte”. También sabemos contar del 1 al 10, algunos signos de servicios necesarios para una persona sorda: “servicio de intérpretes”, “servicio de intermediación”, “taxi”, “bomberos”, “policía” “estación de tren”, “aeropuerto”; y los medios de comunicación y telefonía más importantes (teléfono, móvil, ordenador, RDS, y fax). Creo que es una buena base para empezar a tener una relación de amistad con alguna persona sorda. La conversación más extensa sobre algún tema interesante ya vendrá más tarde pero, por lo menos, la amistad ya la tengo.



La sordera: la minusvalía invisible.

No todo en esta asignatura es práctica, también tenemos teoría. Y ha sido esta semana también cuando hemos tenido el primer contacto con esta materia. No voy a enrollarme mucho en este asunto. Sólo matizar algunos puntos importantes sobre la sordera para que quede clara y así centrarnos definitivamente en lo importante:
- El oído, además de ser un órgano sensorial, aporta a nuestro cuerpo el equilibrio gracias a la espaciopercepción . ¿Has probado alguna vez a taparte los oídos y a quedarte con una sola pierna? No es tan fácil.
- Los sonidos se miden en decibelios (dB). Para una persona normal, la intensidad de algunos sonidos sería:
· 130 dB: Umbral doloroso
· 120 dB: Trueno intenso
· 100 dB: Sonido del metro
· 90 dB: Camión pesado
· 50-65: Conversación normal
· 20 dB: Cuchicheo
En estas circunstancias, una persona sorda (aquí también tendríamos que tener en cuenta qué porcentaje de sordera tiene) empezaría a escuchar a partir de 100 dB o 120 dB, gracias también a las vibraciones que estos sonidos causan.

- Para establecer el tipo de sordera de una persona con esta enfermedad, nos basamos en la cantidad de pérdida de audición:
· Leve: pérdida de 21 a 40 dB
· Moderada: pérdida de 71 a 90 dB
· Profunda: pérdida mayor de 90 dB
· Total o Cofosi: más de 120 dB

- Si hablamos de vibraciones, debemos hablar de frecuencia, esto es, el nº de vibraciones completas o dobles por segundo. Se mide en ciclos por segundo (c/s) o hertzio. Podemos distinguir dos tipos de sonidos dentro de las vibraciones: infrasonidos (16 c/s) y ultrasonidos (+ 20000 c/s). La sensibilidad para percibir tonos se deteriora, como también es cierto que los jóvenes tienen más facilidad para escuchar los infrasonidos. En el siguiente enlace os propongo que averigüéis por vosotros mismos si sois capaces de oír los infrasonidos. La noticia no tiene desperdicio. Comenta en mi blog lo que opinas.

http://www.20minutos.es/noticia/157121/6/

PARTÍCULAS INTERROGATIVAS


ALFABETO DACTILOLÓGICO


jueves, 5 de febrero de 2009

PRIMER CONTACTO CON LA LENGUA DE SIGNOS


PRIMER Y SEGUNDO DÍA DE CLASE EN LENGUAJE DE SIGNOS

El primer día que entré en la clase de la asignatura “Lenguaje de Signos” me quedé sorprendida durante aquella hora y media aproximadamente de introducción. La profesora, Inmaculada Cascales Ruiz, sordomuda, nos explicaba el procedimiento de la asignatura y cómo la iba a llevar a cabo. Está claro que ninguno de nosotros la entendíamos pero en la misma clase se encontraba una intérprete de signos. Esta chica hablaba a la vez que nuestra profesora signaba y en ningún momento parecía que algún gesto se le fuese a escapar. Todo estaba claro: una parte de teoría, una parte de práctica y este blog, que iré actualizando semanalmente con lo que he aprendido en las clases de dicha asignatura y con imágenes para que vosotros también podáis aprender algunos gestos de este maravilloso lenguaje.


Superando obstáculos…


El segundo día de clase ya fue práctica. Inmaculada estaba allí ante nosotros o, mejor dicho, nosotros ante ella pues no parecía que estuviese muy nerviosa. Durante los primeros cinco, minutos y mientras mis compañeros iban entrando y sentándose en sus asientos, estuve buscando a la intérprete de signos que el día anterior estuvo con nosotros. No la encontré. No estaba. Mientras tanto, la profesora encendía el ordenador, colocaba su chaqueta en el respaldo de la silla, ordenaba sus apuntes, nos sonreía…"
-"estará haciendo tiempo hasta que llegue la intérprete de signos” -pensé…
Varios golpes en la mesa hicieron que todos nos quedásemos callados e inmóviles.
Entonces escribió en la pizarra:

TEMA 1: PRESENTARSE

I-N-M-A-C-U-L-A-D-A


Y a continuación, se presentó signando. Todos la entendimos, pues inconscientemente tenemos esa predisposición a saber leer los labios, y no fue nada difícil. Vale ¿y ahora? Suponía que en ese mismo instante entraría la intérprete de signos y nos lo explicaría todo mejor (yo seguía pensando en aquella mujer del primer día que no aparecía y que, a pesar de todo ya pasaban más de 20 minutos del comienzo de la clase). Entonces, la profesora nos repartió una hoja con todas las letras del abecedario y con su correspondiente dibujo en la lengua de signos. Y así, con la simple ayuda de esta hoja, las dos siguientes horas estuvimos presentándonos (nombre y apellido) y principalmente aprendiendo a saber expresar con la cara lo que queremos decir, sobre todo a la hora de preguntar, ya que es muy importante para un sordo que gesticulemos y hablemos a la vez que signamos.

Cuando terminó la clase me quedé un rato esperando a que todos salieran, incluso la profesora abandonó la clase al mismo tiempo que mis compañeros. Había sido una de mis mejores clases en mis cuatro años de carrera. Dos horas y no había pronunciado ni una sola palabra. Y lo mejor de todo es que me interesaba mucho todo aquello. Nos acababa de dar una increíble lección: nada es imposible. Una persona sorda también puede ser profesor de universidad y dejar anonadados a un grupo de estudiantes sin mediar palabras. Increíble…